realidades
La capacidad de disfrutar es algo que se pierde cuanto más afortunados somos. Nada es lo suficientemente bueno ni lo suficientemente bonito. Le pasa a D., que llegó y decidió que nada le iba a gustar por muy maravilloso que fuera. Ni la ciudad, ni la gente, ni el trabajo. Y la ciudad, la gente y el trabajo, le vino del cielo, que conste. Pero ni aún así. Esta gente que tiene semejante exigencia con lo regalado me da miedo que algún día llegue a tener que pagar algo, porque como no cubra las expectativas, se puede liar la de San Quintín.
Y yo no quiero guerras en casa.
[tags]gente, expectativas, exigencias[/tags]

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